Cada uno tiene sus etapas de crecimiento y madurez, más allá de las físicas que nos hemos aprendido en clases biológicas. A las que yo me refiero son aquellas a las que Rosa Montero menciona en La loca de la casa, tenemos nuestros recuerdos basados en cosas que hemos tenido; aquellas cosas que pasaron o poseímos como un carro o cuando tal novio... Yo lo hago en varias cuestiones. Tengo recuerdos que pongo en cuestiones musicales, lo mismo me funciona si lo pongo en base a libros, escuelas (niveles escolares) y también cada una de las bandas de amigos que ha habido. Estoy hecho de mi pasado pero he tratado de no ser ni pre ni destinado por él; mi presente y futuro no han estado de Dios.
Esta vida se forma a cada momento, se redescubre, de destruye y se forma; esta vida cambia y se transforma; muta, evoluciona. A veces no se es el mejor ni el más correcto; nunca lo he pretendido… pero siempre tratar de ser el más feliz.
Este lugar es una cabaña, sí, como la de Heidegger. Será mi cabaña en fase virtual que da en pequeñas dosis cosas que ocurren en la cabaña real, la vivida.
Una cabaña que no quiere ser abandonada. Una cabaña a través y a pesar del tiempo. Una cabaña donde emana la música; música traída de Cuba: la trova; de ritmos latinoamericanos: salsas, sambas, mambos y tangos. Una cabaña donde hay discos de funky y jazz, algo de blues y una muy pequeña (muuuy pequeña) pizca de música académica. La magia de las métricas y los ritmos, la armonía en sus acordes; contrapuntos y melodías en el mismo instante. Maderas que confinan cuerdas, las percusiones y los vientos; o en otro caso el metal, las maderas, el cuero y los barros… Una cabaña inundada ahora de rock, mucho rock. Rock conocido y aquel que no lo es tanto; rock que innova, atemoriza y que se desaprueba; rock bizarro, también del común y claro que del extremadamente melódico. De aquel que llaman alternativo, de ese suntuoso progresivo; del armonioso glam; de ese rock que suena a distorsión y que muchos le dicen hard rock, el heavy o hardcore; del místico grunge y el venerado art rock o el revolucionario indie rock… de ese rock que progresa y se convierte en post rock o math; del nostálgicamente recordado psicodélico, y el presuntuoso sinfónico… ¡qué del demonio no tener tanta vida como él para escuchar todo lo que allá espera!
Una cabaña visitada por amigos, pocos de ellos; y por el contrario muchos buenos conocidos. Amigos que comparten más que una buena copa de alcohol con el habitante de esta cabaña; amigos que comparten parte importante de toda una vida... y entre todos ellos y aludiendo a la ingratitud que se tendrá con los demás, en la cabaña hay una silla especial para un amigo, un alguien que tiene el mismo nombre que este cursi habitante...
En la cabaña se lee, se gusta de leer mucho. Con falta de tiempo pero se intenta hacer las más veces posibles. En la cabaña se cuentan historias de odio y desmesura, de crítica y lógica; la cabaña ha sido visitada por árabes, griegos y alemanes acompañados de judíos; ha recibido a mexicanos, anglosajones y estadounidenses, también colombianos, argentinos y chilenos; uno que otro ruso y hasta cubanos. Ha sido empapada con baños de romanticismo y existencialismo, de política, realismo y hasta modernismo; un poco de barroco y neoclasicismo... En la cabaña se tienen pocos libros, tal vez los más representativos de cada época excusado esto porque en la cabaña se sabe más de ciencias exactas; pero de lo poco que se lee siempre se trata de aprovechar lo máximo.
La vida de la cabaña se tiñe cada vez más con pinceladas de matemáticas y retoques de física; con química y hasta un poco de biología. Yo, a quien le pertenece únicamente esta cabaña, sigo la investigación y la docencia; la ciencia y la tecnología, teorías de números y ecuaciones que explican la naturaleza. De eso se quiere en la cabaña vivir, de la ingeniería y la ciencia. En esta cabaña se tiene un lugar para otro amante de esta parte del saber; alguien con nombre y cabeza conocida; con cerebro y corazón; y con quien se quiere compartir esta área del saber por siempre...
La cabaña, si sufre de vacaciones por su habitante, será por un lugar frío como un bosque o arriba de un gran cerro; vacaciones que seguramente no serán en la playa sin antes haber pensado en un pueblecillo perdido o en acampar al aire libre. Tal vez no de vacaciones, tal vez sufra de salidas; pues serán salidas a un café con música en vivo o un barcillo bohemio; algún centro colonial o un sitio de arquitectura prehispánica; seguramente no un antro. Salidas al aire libre, conocer leyendas y comida típica, gente así como costumbres y tradiciones. Una cabaña con fotografías, momentos e instantes , de cuentos de abuelos y risas de niños, de un poco de magia y otro tanto de surrealismo; de política y altruismo, de gusto por cocinar y por comer, de libros, ciencia y mucho, muuuucho rock… De todo esto ha llenado la cabaña este loco habitante.
Acabo de descubrir que tienes esto. Leeré y luego te cuento. Te quiero.
ResponderEliminarAh sí, también descubrí que te gusta Mogwai = )