sábado, 9 de abril de 2011

“La participación ciudadana y su importancia en la consolidación y fortalecimiento de una democracia joven mexicana.”



México forma parte del grupo de países en el mundo que están en el arduo camino de consolidar su gobierno democrático; una consolidación y fortalecimiento que serán únicamente logrados a través de la participación de sus ciudadanos. El camino a la democracia en México ha dado pasos agigantados los últimos años desde prácticamente la segunda mitad de la década de los 90’s y notorios aún más a inicios del siglo XIX con la finalización del régimen priista; y aunque la alternancia inauguró un país más libre no lo pudo hacer más limpio, la alternancia trajo consigo la transferencia del poder pero no su fiscalización. Sigue siendo un país de crímenes sin castigos, de culpables identificados, inculpables sancionados. México sigue siendo un país de poder sindical y enriquecimiento individual. Este adelgazamiento del Estado en los 80’s y 90’s no trajo consigo un proceso paralelo de reconstrucción institucional más allá del ámbito electoral; no redujo la desigualdad social así como el debilitamiento del control estatal sobre las fuerzas de seguridad aumentando la inseguridad y la corrupción lo que impide que los mexicanos experimenten sentimientos de justicia o de desarrollo social y por el contrario que se vean violentadas sus garantías individuales, sus derechos fundamentales: una violación cínica a su integridad personal. (Dresser, 2009)

En el nuevo milenio México es un lugar, sí, más plural, una sociedad un poco más abierta y hasta transparente; pero no es un lugar más justo, ni más seguro, ni más representativo para su ciudadanía. (Dresser, 2009)

Fue sólo a través de la experiencia y la vida política que nos pudimos dar cuenta como ciudadanos de una democracia joven y en vía de consolidación y fortalecimiento que la democracia no es un regalo; es, sin lugar a dudas, una responsabilidad que como sus raíces etimológicas lo indican viene y recae del y en el pueblo. Pero por el contrario México sigue siendo un país de apatía política, donde mucho menos de la mitad los ciudadanos votantes usan ese derecho suyo a decidir quién los representará; un país donde el 22% de la población pertenece a algún grupo religioso pero sólo el 7% pertenece a algún grupo político o a un sindicato pero que afirma contundentemente en un segundo lugar del 14% que lo que le hace falta a nuestro país para salir adelante son valores como unión, responsabilidad y compromiso; y que insiste que lo más importante que tiene México para salir adelante es su gente: México, el país de los contrastes. (Poiré, 2011) (Dresser, 2009) (Espinoza, 2008)

Es desde 1917 que los ciudadanos mexicanos contamos con el respaldo de la Carta Magna en su artículo 39 aún vigente, nuestro máximo documento legal, que nos permite tener plena participación en los asuntos políticos de nuestro país sin que podamos ser molestados por ello ni enjuiciados. Así mismo, en su artículo 40 dicta que “es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental.” Lo cual indica que si bien la soberanía recae en cada ciudadano ella será delegada a un presentante facultándolo para tomar decisiones en su nombre y representación. Dicha facultad habrá sido previamente avalada por los organismos correspondientes y delegada por medio del voto popular. En México la única forma de participación en la vida política del país que conocen los ciudadanos es el sufragio, y en dados casos las marchas; pero poco se hace con aquellas otras formas que existen y que son legales, como el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular, entre algunos otros. (Granados, 2008)

Un gobierno democrático sin participación de sus gobernados es un gobierno frágil; en cambio un gobierno avalado y sostenido por sus ciudadanos con plena participación de los mismos en su vida política no sólo es muestra de un gobierno fuerte, y fortalecido con la acción de sus ciudadanos.

Un pueblo que participa en la vida política de su país tendrá un gobierno de calidad, que abogue por sus ciudadanos; por la honestidad y la libertad. Cuando la ciudadanía no participa la democracia no existe o bien no se conoce, así es fácil que pueda existir la corrupción y la injusticia, que haya violaciones garantías individuales y derechos fundamentales; que la dignidad de las personas no sea respetada o que se infrinja el desarrollo social.

La democracia no es un regalo, es el logro de toda la humanidad a lo largo de los siglos, es una responsabilidad que como su nombre lo indica etimológicamente: es del pueblo, de la ciudadanía en su plenitud. La democracia invita a pensar en igualdad y justicia, en una sociedad equitativa; un gobierno preocupado por sus ciudadanos y velador de los intereses de éstos, sus garantías individuales y el respeto a éstas, sus derechos fundamentales, etcétera. La democracia no debe de ser únicamente representativa, sino que debe de ser transformada en una democracia participativa; una llamada “democracia de ciudadanía”: una democracia formada no por votantes y representantes sino por los ciudadanos. Una democracia participativa debe de contener en sí misma los elementos esenciales de una democracia representativa: el respeto a los derechos humanos así como a las libertades fundamentales, el acceso al poder, la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto que presenta la soberanía del pueblo; las organizaciones políticas y los distintos partidos políticos y además debe incluir la promoción constante de la participación de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones así como la construcción de una ciudadanía integral.

El individuo es y debe de ser retroalimentación de su gobierno, crítico de su situación social y política. El individuo, el ciudadano debe jugar un papel medular en la construcción de una democracia así como de su consolidación. Los valores son las herramientas básicas que cualquier ciudadano necesita para llevar a cabo un buen papel como actor social, un buen papel como ciudadano participativo; dichas herramientas no pueden ser obtenidas de ningún otro lugar más que del estudio y uso de la ética que aunque per se poco puede hacer y no obstante es en casos como éste: la conciencia del mundo, la inquisidora del poder y la presión; como una brújula señala la dirección para que el gran barco del mundo no se pierda en la bruma de la incomprensión, la intolerancia, o el sufrimiento inútil. El uso de la ética busca la salud del individuo y la salud social, lo que potencia la colaboración mutua y la partición lográndolo únicamente con los valores mínimos que deben compartir los humanos para una sociedad más justa y feliz. La llegada a buen puerto aún es lejana pero algo se habrá recorrido ya de esa larga travesía si con la ética comprendemos dónde estamos y qué podemos hacer, si encontramos en algún sitio nuestro sentido de responsabilidad y cooperación y entonces podamos decidirnos a participar. (Guisán, 2008)





Referencias.

Dresser, D. (13 de junio de 2009). Evolución de la participación ciudadana en México. Congreso Nacional Ciudadano. Monterrey, Nuevo León, México: (paper).

Espinoza, V. A. (2008). Compromiso cívico y participación ciudadana en México. Una perspectiva nacional y regional. América Latina hoy, 141-164.

Granados, J. C. (2008). Senado de la República. Recuperado el 7 de abril de 2011, de Estado de la Participación Ciudadana en México: http://www.senado.gob.mx/iilsen/content/publicaciones/revista5/8.pdf

Guisán, E. (2008). Razón y pasión en ética: los dilemas de la ética contemporánea. Barcelona: Anthropos.

Poiré, A. (2011). Mexicano ahorita: retrato de una libertad salvaje. Nexos, 22-29.